Carlos Alcaraz, la bestia tiene prisa
Fuente: El País Original en elpais.com
Hay una belleza muy delicada en el tenis que consiste en ver a los grandes jugadores adaptándose a su nuevo cuerpo, no aquel que le llevó a la gloria a los 21 años sino el que le mantiene allí quince años después. Saber cuál es el punto en el que hay que vaciarse, el golpe en el que dejar el aire que le queda, elegir el esprint que merece la pena, el primer saque con el que romper la pelota e intentar un ace. Físicos de élite desgastados por una vida entera dentro de la pista, como leones viejos que mantienen a salvo los colmillos pero a los que les empiezan a fallar los reflejos y las piernas. Es la vida pasando facturas acumuladas mientras ellos (Nadal, Djokovic, Federer) prorrogan los plazos: lo que su cuerpo se ha dejado atrás, lo ha ganado una inteligencia endiablada que no evita que, poco a poco, los dedos vayan soltándose del último barrote del balcón.