Tras correr 40 kilómetros de una forma memorable, a ritmo de un récord del mundo que hubiera enterrado la dudosa marca lograda por Ruth Chepngetich en 2024 (2.09:56), Tigst Assefa vivió el drama de la distancia en primera persona, al sufrir problemas físicos que le impidieron mantener al final la cadencia con la que había volado hacia la historia.

