A Rafael Nadal le caen las gotas de sudor a borbotones, ceño fruncido y mirada al frente, pensativo y meditabundo mientras Tommy Paul sigue a lo suyo, descuenta puntos hacia la victoria y lo aparta de París-Bercy a las primeras de cambio: 3-6, 7-6(4) y 6-1, en 2h 32m. “¡Ga-fa, Ga-fa, Ga-fa!”, corea el aficionado francés, viendo que el campeón de 22 grandes no debate y que progresivamente cede, que no reacciona y que va a quedarse sin el gigante demasiado pronto, como nunca antes había sucedido en el torneo. Así sucede. Y el norteamericano, incrédulo, se dirige a él en la red, mirándole con respeto reverencial y preguntándose lo que todo el mundo se pregunta en ese momento, demasiado fácil ese último set. Él ha hecho lo que debía, pero, ¿dónde demonios está Nadal?

