Cuando a Mari García Salas le comunicaron que tenía cáncer de mama, en agosto de 2020, su primera reacción fue mirar a su marido, Jaume, y decirle que iba a superarlo. “Lo voy a superar”, le aseguró. Tenía 48 años, una hija, una familia y una vida en la que el pádel ocupaba un lugar importante. De repente, tuvo que aparcar buena parte de su rutina para centrarse en el tratamiento, en un mundo que, además, permanecía paralizado por la pandemia. Pero hubo algo que intentó mantener siempre que su cuerpo se lo permitió: la posibilidad de seguir entrando en una pista.

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