Muchas veces los coches pasan de padres a hijos para que estos aprendan… y vayan destrozándolos. Otras, muchísimas menos, el ‘afortunado’ ejemplar se salva después de haber sido mimado por su primer dueño y caer en manos de un coleccionista. Lo que no es normal es que un coche siga rodando como si nada durante más de medio siglo para acumular un kilometraje del que ni suelen presumir los camiones más veteranos. Pero en esta ocasión no hablamos de un vehículo de trabajo, sino de un coche. Con carrocería coupé, para ser más exactos.

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