Hay jugadas que contienen la esencia misma de un talento. Frente al Galatasaray, Lamine nos dejó una inolvidable. Jugando con el espacio, con el tiempo y con su virtuosismo técnico, mostró el balón para tentar al rival y, cuando este picó, se lo escondió para escapar por donde nadie lo esperaba (“media rabona”, la definió el mismo Lamine) y entregárselo en bandeja a Gordon para el gol.

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