José Mourinho envió a todo su arsenal ofensivo en busca del empate. El 3-1 con el que se puso la Roma a falta de más de media hora obligó al entrenador del Madrid a echar mano de todos los jugadores de ataque que tenía en el banquillo. Menos uno: Brahim. El internacional marroquí asistió a la apoteosis de la remontada de su equipo sentado, sin la menor opción de entrar en un partido que había tomado el cariz de otros en los que antes sí era una respuesta.

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