El Real Madrid rompió dos maldiciones de una tacada, interrelacionadas ambas, con su justa y trabajada victoria en Milán (89-98). Fue su primer triunfo a domicilio en esta Euroliga tras haber encadenado tres derrotas fuera (Dubai, Efes y Hapoel) y rompió el maleficio que le perseguía en cancha del Armani, donde había caído las tres últimas temporadas, maldición conjurada por la magia que desplegaron sus tres pequeños manejadores.

