Sirve tanto en el ajedrez como en la vida: cuando la lógica está muy escondida, la solución de un problema puede parecer imposible, absurda, contraria a toda cavilación racional. Y entonces hablamos de pensamiento lateral o contraintuitivo, creatividad extrema, imaginación desbordante, etc. Si tenemos éxito con esos procedimientos, el desenlace nos producirá un gran placer, el de lograr lo que se antojaba imposible.

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