Luka Modric ha afrontado una de las ruedas de prensa más complicadas de su eterna carrera. A sus 41 años, el capitán de Croacia se ha sentado ante los medios en la casa del Hajduk después de la terrible afrenta padecida el sábado en Rijeka. El 1-7 hizo que Modric hablara de vergüenza, de una ignominia no vivida en sus veinte años en la selección. La opción de apaciguar la indignación que recorre Croacia es ganar a una España campeona del mundo y que no pierde desde marzo de 2024.

