Todas las sociedades necesitan héroes. Figuras a las que trasladarles sus anhelos, sus miedos, sus grandezas y sus miserias. A las que proyectarles los sueños frustrados de cada uno, para verlos realizados a través de otro. Lo que suele suceder es que las sociedades se olvidan de que esos héroes también son humanos. Y tienen sus propios anhelos, miedos, grandezas y miserias. Y sueñan, a su vez, con cotas que no podrán alcanzar. Y, además, tienen que enfrentarse a las expectativas depositadas sobre ellos, complicando la gestión del asunto principal: el ser humano. El deporte, factoría en continua producción de ídolos y referentes, está repleto de casos en los que la figura pública hizo olvidar a la persona que había detrás, llevándose por delante la carrera y, en ocasiones, la vida del protagonista.

