El rostro del bueno de Matteo Arnaldi, extraído de La vida es bella, es un poema. Lógico y normal. Poco más puede hacer el italiano, bordándolo durante todo el primer set y jugando de maravilla hasta que, por fin, toda esa corriente positiva y esa aparente superioridad que le acompañan terminan volviéndose en su contra. Ahí detrás, achuchando de lo lindo, viene Carlos Alcaraz, a quien le van los retos y que rinde como pocos cuando deben hacerlo los elegidos, aquellos que marcan la diferencia en las circunstancias que los demás no soportan. Sí, resiste. Ejercicio de escapismo: con cuatro pelotas de set en su contra, el murciano sufre, reacciona, se levanta y acelera. Golpea. Señor empellón el que se lleva su adversario, sencillamente grogui.

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