Jacobo Bergareche viene de una familia donde el deporte no era una afición sino un paisaje: el Athletic, el Real Madrid, LaVuelta, el frontón, el mus como liturgia familiar. Él se refugió en los libros hasta que Zidane le enseñó que el fútbol también podía ser una forma de belleza. Ahora mira el deporte como mira la literatura: buscando en cada carrera, en cada derrota y en cada viaje una historia que merezca ser contada.

