Japón, un país construido a base de tallas pequeñas, aplica a las estaciones de esquí las mismas medidas que a sus escaleras de metro o los cuartos de baño. Incluso en la región de Nagano, que sigue exhibiendo con orgullo haber acogido los Juegos de Invierno de 1998, no hay grandes complejos, sino una macedonia de pistas. Entre ellas, Myoko, que paradójicamente ha recibido su bautismo internacional sin nieve. El país, cada vez más visitado por turistas —sobre todo australianos— por las condiciones idílicas para esquiar, ha aprovechado ese terreno para el despegue del trail. En su tercer año consecutivo como parte del calendario de las Golden Trail World Series, Myoko, precisamente una de las estaciones más auténticas —porque tiene un perfil menos turístico, una tradición de medio siglo y concentraciones en altura, como Sierra Nevada— ha puesto la alfombra a un recorrido de 25 kilómetros con 1.900 metros de desnivel positivo que sirvió para consolidar al keniano Patrick Kipngeno, ganador de las tres carreras de la historia del circuito en Japón, como emperador. Y para presentar a la alemana Hanna Gröber: fue la primera victoria en él de la reciente campeona de Europa.

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