El 20 de septiembre de 1996 Miguel Indurain se bajó de la bicicleta frente a la puerta de un hotel asturiano y, sin saberlo casi nadie entonces, cerró una era del ciclismo español. Este domingo se cumplen treinta años de aquel gesto, tan sencillo como definitivo: parar la bici, cruzar la acera, entrar en el Hotel Capitán. La carrera -aquella Vuelta de 1996- siguió su curso hacia los Lagos de Covadonga. Él ya no.

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