A comienzos de año, y con toda lógica, proliferaban las voces que vaticinaban otra sucesión de éxitos por parte de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz. Y así ha sido, pero a medias. El español empezó como un tiro —cerró el círculo del Grand Slam en Australia, el más joven en conseguirlo— y el italiano, indiscutible líder del circuito en los últimos tiempos, hizo un majestuoso desfile por la gira de tierra hasta que pinchó en Roland Garros; al parecer, mero accidente, porque inmediatamente después triunfó en Wimbledon. Y entre un acontecimiento y otro llegó (sin verlo venir) Alexander Zverev, que el domingo posaba en Nueva York con otro grande entre las manos. Casi treinta años le costó hacerse con el primero; en tres meses se ha hecho con dos.

