Empieza la turra del Balón de Oro y los candidatos se van posicionando. Ya saben, Mbappé, Lamine y demás galácticos lanzan sus mensajes o a sus acólitos con el objetivo de llevarse un premio que reconoce el talento individual en el deporte colectivo por excelencia. Ahí quizá radica el primer fallo, el segundo es el de no valorar realmente los méritos para obtenerlo.

