Vestido de rojo, como si de un paseíllo de torero se tratara y acorde a la escenografía que pisaba -salida desde la plaza de toros de El Puerto de Santa María con desembocadura en Jerez de la Frontera-, Enric Mas caminó hasta la bici con el semblante serio, concentrado, envuelto en vítores de principio a fin, dos orejas y el rabo sin ni siquiera comenzar. No era para menos la agitación de la gente ni la focalización del ciclista, que se jugaba parte de la Vuelta con la crono, defensor del maillot rojo frente al aspirante Roglic, que pretende conquistar su quinto laurel para tener más que nadie, toda vez que hasta ahora comparte el galardón con Roberto Heras. Cinco, cuatro, tres, dos, uno… Y allá va Mas en su lucha contra el tiempo y el esloveno, un pequeño talón de Aquiles para él, más cómodo cuando la carretera pica hacia arriba. Y aunque no se ganó salir a hombros -eso fue cosa de Küng, el vencedor de la etapa-, sí que se mereció la puerta grande, pues perdió 33 segundos con Roglic para dejar el contador a 1m 37s. Buen botín y cojín cuando restan dos etapas de montañas, el terreno en el que se ha mostrado el más fuerte del pelotón. Paso de gigante para Mas, que se arrima a su primera gran vuelta para relevar a Alberto Contador, último español en conquistar la ronda (2014).

