Se suele decir que cuando el río suena agua lleva. En 2012, la final del Open de Australia, entre Rafael Nadal y Novak Djokovic, marcó un antes y un después en el tenis. Estuvo muy bien el espectáculo, pero las 05.53 minutos de parido hicieron replantear las reglas a los jerarcas del tenis. Desde entonces se aceleró el juego, con el reloj de tiempo en el saque, en el calentamiento…

