El reloj apura los últimos minutos antes de marcar las 12 en punto de la mañana de un sábado cualquiera cuando, tras el mar de plásticos y sábanas que inundan la orilla de la playa del Trampolín, cuatro jóvenes juegan al fútbol con lo que queda de una pelota Nike Ordem 4, el balón oficial de la temporada 2016-2017. Es su pasatiempo favorito. El fútbol como vía de escape a una realidad que para ellos también es dura y desagradable. Llevan más de un mes acampados en Ceuta tras el salto masivo del día 30 de julio y no pretenden marcharse. Saben que lo que hicieron es ilegal, son conscientes de que no pueden estar ahí, pero sueñan con un futuro en la península, lejos de su Marruecos natal.

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