<strong>La pasión por el fútbol le viene de niña</strong>. Con 12 años, sus padres la hicieron socia del Atlético de Madrid, al igual que a su hermana. Aún hoy sigue viendo el fútbol con Andrea, su madre, de 91 años, que no se pierde ni un partido. Los cuatro compartían tardes de fútbol en el Vicente Calderón, pero a Rosa Bonet le llamaba más la atención la figura del árbitro que la de los jugadores. Con el tiempo, aquella afición fue aumentando hasta que <strong>con 16 años se presentó en el Colegio Castellano de Árbitros para preguntar qué había que hacer para ser trencilla. No sabía que era la primera mujer española que osaba entrar en un mundo, hasta entonces, de hombres. </strong>

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