Todavía había partido. <strong>Con 76-81 y faltando más de siete minutos en la reanudación tras el descanso no puede ser diferente.</strong> Y allí todo cambió. De la forma más tonta e inesperada para un campeón. Para el mejor equipo de la NBA. <strong>Devin Booker y Klay Thompson se enganchan… Klay hace un gesto. Le expulsan poco después. Los Warriors se borran</strong> a partir de ese momento para una noche que querrán olvidar lo antes posible (134-105).

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