En el Templo de la Velocidad rige una máxima desde tiempo inmemorial: Ferrari siempre está. La otra religión, junto a la católica del país, apareció con fuerza en el inicio del Gran Premio de Italia y colocó a su predestinado Charles Leclerc (1:23.008) al frente de la primera sesión de entrenamientos libres en Monza. Que sí que confirmó su cambio, rompe con el ADN tradicional y, eso sí, puede abrir un escenario bonito en carrera como mejor noticia posible.

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