La cima del cordobés Miguel Ángel Roldán estaba exactamente en el campo base del Everest, a 5.364 metros sobre el nivel del mar, un lugar que hubiera alcanzado paseando hace apenas cuatro años, cuando este profesor de educación física disputaba triatlones y robaba tiempo al tiempo para salir a correr, nadar y acoplarse en su bici aerodinámica. Entonces, le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y de la impresión creyó que moriría “al día siguiente”. Sigue vivo, y el lunes, acompañado por una comitiva de treinta personas culminó el trekking que muere a los pies de la montaña más elevada del planeta para convertirse en el enfermo de ELA que más alto ha llegado jamás.

