Que Boca y River se necesitan, como todo gran binomio del fútbol mundial –la grandeza de un rival también hace a la propia-, ya se sabía desde hace más de un siglo, pero este domingo quedó de manifiesto de la manera más inesperada. Tal vez suene a exageración, propia del estereotipo que carga sobre los argentinos, pero la definición de la Liga Profesional 2022 fue tan dramática y fuera de cualquier antecedente que ya pertenece al club de los desenlaces más increíbles de la historia de las ligas mundiales. En un final trepidante, con los cuatro equipos más populares del país involucrados en dos clásicos, la Bombonera gritó los goles de River, festejó un penal atajado en tiempo adicionado por el arquero millonario, Franco Armani, y Boca terminó consagrándose campeón de la liga gracias a una demostración de grandeza de su eterno rival, hoy reciclado en su cómplice más insospechado.

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