El Bernabéu no protesta por capricho. Es exigente, como reconoció Mourinho, y ese rasgo construye los títulos. Por eso reconoce cuando un equipo que puede, quiere. El Madrid del nuevo curso está reconquistando a su gente con sudor y fútbol. Cierto que el Málaga es un recién ascendido, pero cuántos partidos ante adversarios menores se perdieron en la mediocridad de los últimos dos años. Tiene razones Mourinho para sentirse satisfecho de su equipo. Y no se equivoquen porque, pese a la derrota, también el malaguismo tiene motivos para ilusionarse. Un equipo de la casa, con personalidad y atrevimiento, capaz de reponerse de un vendaval de diez minutos y no descomponerse. Ni ante el mejor Bellingham desde aquella irrupción deslumbrante en la Liga.

