No me gustan <strong>las películas de miedo</strong>. No me gustan, no puedo verlas. Me producen repulsión, como me pasa con algunas escenas de series que sí me gustan pero en las que tengo que apartar la mirada ante el exceso de sadismo. Sobre todo si tiene que ver con los ojos, no puedo con los ojos, no puedo ni ver a una persona ponerse lentillas. El caso es que, desde hace un par de jornadas, <strong>veo los partidos de fútbol con el mismo rechazo, con las manos en la cara</strong>, viendo sólo lo que se adivina por las rendijas de los dedos. Me da pánico ver un choque, un pinchazo en una carrera, un mal giro de tobillo y pensar <strong>»Adiós Mundial» mientras un futbolista cae al césped cual rascacielos que colapsa.</strong> Es un thriller psicológico.

