No sé si es acertado usar un término tan grueso y hablar de bullying como hizo Mourinho al tratar de defender a Vinicius Jr. Pero es evidente que sabiendo su congénita capacidad para desestabilizarse, los rivales del Real Madrid afrontan como parte del plan de partido el deseo de provocar que el brasileño tenga un par de cortocircuitos en los 90 minutos, que se pierda en protestas, gestos, miradas a la grada, reclamaciones de tarjeta y todo ese repertorio nocivo, hijo de un comportamiento reprobable (algunas veces injustificable) que le lleva a ser silbado en La Coruña sin haber jugado un minuto de su vida en Riazor. Esto está montado así. Juega en el equipo de las 15 Champions. Eso en España tampoco ayuda en los afectos.

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