El nuevo Barcelona comienza incompleto: sin 9. Antes de que finalizara la temporada pasada, cuando el equipo de Hansi Flick volvía a enseñar su autoridad en España, pero mostraba su falta de jerarquía para dominar Europa, desde la Ciudad Deportiva Joan Gamper se planeaba una plantilla sin Robert Lewandowski. Necesitaban un delantero centro. Nunca creyeron en Ferran Torres ni siquiera después de que el valenciano marcara el gol que bordó la segunda estrella en la camiseta de la Roja y viajara por el mundo reivindicando un estatus que el club nunca le reconoció. “Tienen que mostrar que me quieren, que vengan a negociar y al final todo es hablar”, se quejaba Ferran. Y en los despachos de Sant Joan Despí contestaban: “Es un buen jugador de plantilla, no mucho más. Él puede pensar lo que quiera. Nadie se va a volver loco por renovarle. Si quiere ya hablaremos en septiembre, si no que traiga una oferta”. No lo querían tanto. Al menos, no como él deseaba. El valenciano trajo la oferta y se marchó al PSG.

