Juan Tamariz convirtió la magia en algo mucho más que un espectáculo de trucos. El ilusionista madrileño, fallecido a los 83 años, hizo de su particular forma de actuar una de sus grandes señas de identidad. Entre sus gestos más recordados está el de tocar un violín imaginario mientras pronunciaba su ya mítico “¡chan-tatachán!”, una celebración que acabó siendo inseparable de su figura.

