El potente terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto ha dejado huellas imborrables en el país. Entre los escombros y las dolorosas cifras de perdidas humanas en la región del Pacífico y el Eje Cafetero, la historia de Ana María Saavedra, una joven caleña de 23 años, se ha convertido en el reflejo de la tragedia y de la esperanza de una nación que intenta ponerse en pie.

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