Resacosa tras un Mundial en el que España elevó al cubo el significado de equipo, la pelota no se toma respiro alguno y vuelve a rodar por los tapetes de la Liga. Lo hace a fascículos porque Barça, Madrid y Atlético (y sus respectivos rivales) se saltan por el momento la jornada por eso de contar con muchos mundialistas que llegaron a las rondas finales. Así, aunque los músculos sigan desentumeciéndose de la pretemporada y aunque los equipos sigan con los brazos abiertos a las incorporaciones, llega la Liga, una en la que el Espanyol aspira a no pasar tantos sobresaltos como en los dos últimos cursos; una en la que el Levante, deshauciado en invierno pero resucitado por Luis Castro después, pretende atornillarse en Primera. Pero en el envite solo dijo la suya el equipo blanquiazul, catapultado por la gazuza y puntería de Roberto, un ariete mayúsculo.

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