Solo 17 segundos bastaron para que Mario Martín dejara el primer recado a Tenaglia. Al minuto, el central argentino del Alavés se la devolvió al Getafe. Esta vez sobre el tobillo de Satriano. No hacía falta más: este partido solo se podía jugar con un cuchillo entre los dientes. Nada personal. Es el fútbol de los humildes. Y un Alavés más sólido, al que le benefició jugar con uno más toda la segunda parte, se llevó el gato al agua. Un gol de Tenaglia en el 73 y, con el partido roto, otros de Mariano y de Mikel, dibujaron el 3-0.

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