Luca Hoek, nadador, y su entrenador, Ben Ritley, posan tras su entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de San Cugat.

Luca Hoek tiene el cuerpo de un adolescente y la musculatura longilínea y fluida de los peces. “Mi gran virtud”, dice, “es que si me pongo un objetivo siempre lo mejoro; nunca me paro. Es una fuerza más mental que física”.

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Luca Hoek durante su entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento (CAR).

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