El poeta escribe que Dios hace de los espejismos del desierto oasis en los que se puede beber y comer, pero la realidad, tan dura como las piedras blanquísimas al sol, afiladas como cuchillos, hace del asfalto negro del Ventoux un espejismo del desierto, donde la realidad está suspendida en el aire, y Paula Blasi pedalea pero no avanza, Marlen Reusser y Demi Vollering siguen delante, también paradas aunque creen que avanzan, y la antena del observatorio meteorológico, tan de dibujo de Tintín, se ríe de sus esfuerzos estúpidos contra el viento de frente y la gravedad, y solo bendice a Kasia Niewiadoma, tan ligera como una nube, que vuela por delante de todas, ingrávida, tocada por la gracia y los dioses.

