Cuando el balón comienza a rodar en una Copa del Mundo no solo compiten las mejores selecciones del planeta. También lo hacen los países anfitriones. Durante varias semanas, miles de millones de personas observan mucho más que los resultados de los partidos: descubren ciudades, infraestructuras, cultura, gastronomía, capacidad organizativa y, en definitiva, una imagen del país que permanece en la memoria mucho después del pitido final.

