Hace ya tiempo que llegó, pero para este viaje no hacían falta alforjas. El periplo del <strong>VAR </strong>está lleno de meteduras de pata, pero es en el fuera de juego donde se escriben las situaciones más <strong>surrealistas</strong>. Al Madrid le anularon dos goles en <strong>Elche </strong>por una uña, o al menos eso se alegó. Porque creerlo es una cuestión de fe, a la altura de la religiosa, la política o el arrobo amoroso. <strong>Las imágenes, cuya fidelidad a los hechos admite debate, permiten afirmar una cosa y su contraria</strong>. Desaparece el concepto de ‘<strong>estar en línea</strong>’, del que han vivido tantos delanteros a lo largo de la historia, en favor de una <strong>entelequia pseudocientífica</strong> que contradice la esencia de la norma: que el atacante no tenga ventaja sobre el defensor. No parece que se pueda sacar ventaja de una micra. La carita de <strong>Gil Manzano</strong> al anular el gol de <strong>Alaba </strong>(como el invalidado a <strong>Benzema</strong>, dos obras de orfebrería del ataque blanco) era elocuente: a mí qué me contáis. El de <strong>Carvajal</strong>, tercero cancelado, fue el único libre de mácula.

