Si las cosas suceden según lo previsto, España organizará dentro de cuatro años un Campeonato Mundial de Fútbol de la mano con Portugal y con Marruecos. Es decir, con nuestro vecino ibérico y con el ‘otro’ implicado en la actual crisis de Ceuta. Sobre la misma caben dos explicaciones: Una, que el país vecino y futuro coorganizador ha tenido que ver en su explosión. Otra, que no es capaz de prever ni controlar dentro de sus fronteras una situación de esta magnitud. Ninguna de las dos explicaciones es tranquilizadora a la hora de seguir colaborando en una organización de esa magnitud.

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