Kang-in Lee es una cuestión de Estado. En el Atlético porque el 7 que hereda le convierte en el elegido para cubrir el enorme vacío que dejó Griezmann; en Corea del Sur porque a pesar de ser el gran ídolo nacional, también tiene que cumplir con sus obligaciones como ciudadano antes de empezar a escribir su ilusionante historia como estrella del Metropolitano.

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