Lewis Hamilton volvió al perfil lacónico, meditabundo y lánguido, el de cuando las cosas no salen y que fue constante en 2025. Tras su victoria en Barcelona hubo una euforia y la sensación de que podía optar el campeonato, pero, como él mismo reconoce, en Silverstone, Spa y Hungría han llegado errores por su parte, la suerte le ha sido esquiva en los momentos clave y de ahí los 50 puntos que el separan de un Antonelli perfecto para sacar un resultado por encima del pobre Mercedes que tuvo en Budapest.

