El Tour había reservado el infierno para el penúltimo día y Richard Carapaz salió de él con los brazos levantados. El ecuatoriano conquistó la etapa reina en el Alpe d’Huez después de una jornada descomunal, con 170,9 kilómetros, más de 5.400 metros de desnivel y una colección de montañas capaces de romper las piernas y la voluntad. Ganó después de buscarlo desde la mañana, aunque necesitó también esa pizca de fortuna sin la que, algunas veces, resulta imposible sobrevivir en el Tour.

