Quedan pocos kilómetros para coronar el Alpe d’Huez. Los aficionados, que llevan varias horas en el arcén, días incluso acampando bajo las estrellas a la espera del pelotón del Tour de Francia, se agolpan sobre el asfalto y con banderas, teléfonos y pancartas, estrechan cada vez más el pasillo humano por el que Tadej Pogacar persigue bajo el sol la cabeza de carrera de la 19ª etapa, música de bocinas e incesante griterío.

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