Un partido de 114 minutos, con un final alocado, sin control, con la emoción del VAR en una jugada decisiva en el minuto 99. Una acción que propició primero la roja al Papu y que acabó en otra a Salas por un penalti que tiró Gayà y detuvo Bono en el 102. Todo acabó en un empate y la sensación de que el Valencia dejó escapar una gran oportunidad para ganar a un Sevilla que fue un flan en la primera mitad y que, en la segunda, al menos tuvo fe para lograr un empate que le sabe a gloria.

