Cuando los científicos toman ciertas decisiones, siempre están fundamentadas en aspectos técnicos o motivos racionales. Incluso, cuando se trata de verter en el Golfo de Maine 6.000 litros de hidróxido, es decir, lejía. Una decisión que, a priori, puede resultar algo controvertida, acabó siendo imprescindible para conocer el movimiento del agua del mar en el primer experimento de mejora de la alcalinidad oceánica.

