Mario Hezonja, esta vez sí, se va del Real Madrid. Paga su cláusula de rescisión y con ello no hace más que lo que hacen la mayoría de los profesionales del deporte: mirar por sus propios intereses. A la espera de saber dónde terminará, si en alguna franquicia NBA o de vuelta a Europa tras utilizar esta operación como puente, ningún reproche se le puede hacer en eso. Sí haberlo hecho esperando al último instante para anunciarlo. Con nocturnidad, alevosía y tras haber tenido paralizada la planificación del próximo curso hasta ver cuál era su decisión.

