Este es el primer Mundial que Ana Sofía (Mérida, 16 años) sigue. “Nunca había entendido la emoción de mi papá, de sus amigos, de la gente que veía fútbol. Solo miraba una pelota rodando y muchos hombrecitos correteándola”, dice a EL PAÍS. Pero algo cambió en esta Copa del Mundo. En medio del éxtasis futbolístico en México, que fue sede y cuya afición se volcó a apoyar a la selección que sorprendió por su desempeño, como ella, miles de mujeres reclamaron uno de los espacios que históricamente se les ha negado: el de aficionadas al fútbol.




