El Tour llegó a Nevers con tanta prisa que apenas dio tiempo a entender cómo había terminado. Después de 161,3 kilómetros recorridos en 3h10:06, a una media de 50,91 km/h, Soren Waerenskjold levantó los brazos en la etapa más rápida de la historia de la carrera francesa. No ganó el velocista más potente ni el tren mejor organizado. Ganó el más despierto.

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