Sólo los Knicks impidieron que Víctor Wembanyama, en su tercer año en la NBA, ganara el anillo con los Spurs para abrir una nueva era, la del dominio de un jugador singular que por su fisonomía parece venido de otro planeta. El baloncesto, la propia naturaleza del juego, ha determinado la evolución del jugador: estructuras físicas enormes con gran agilidad y versatilidad, sin posiciones definidas en la cancha. Si la dimensión de LeBron James, cuando apareció en 2001, era impensable por sus condiciones atléticas (y su carrera lo ha demostrado), si el gigante francés de 2,24, que juega como un alero de dos metros, ha roto muchos esquemas, en Sudán del Sur preparan el siguiente ‘monstruo’: Jongkuch Mach, de 18 años, 2,29 y unas condiciones extraordinarias para el baloncesto. No hay un proyecto mejor de jugador en el básket mundial.

