El mejor ataque del campeonato resultó inútil ante España, que hizo una exhibición de juego colectivo. Buenos futbolistas, con el plano del partido en la cabeza, bien apoyados por sus compañeros, manejando el balón con sabiduría, recuperándolo con garra cuando lo perdían… Eso fue España, todo en torno a Rodri, su mariscal de campo. Los grandes delanteros de Francia recibieron muy poco juego, no terminaron de encontrarse bien, se frustraron. Ahora es un ejercicio apropiado cerrar los ojos y recordar la serie de estupendos goles marcados por el ataque francés, encabezado por Mbappé y Dembélé, para dar mérito a lo que hizo España, que se ha situado a noventa minutos de su segunda estrella.

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