Las lágrimas de Alberto Ginés minutos antes de subir a lo más alto del podio en Chamonix destilaban alegría y liberación casi a partes iguales. Siete años después, tras algunos grandes éxitos y otros tantos sinsabores, el escalador español firmó su primer oro en una prueba de Copa del Mundo, un triunfo que se le había resistido -sí había ganado la general de la competición- y que casi parecía formar parte de un particular maleficio.

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